La solidaridad, mejor con la cabeza

Compartimos este artículo de Fransesc Mateu @frmat, que ha publicado recientemente en el blog La Cruz del Sur y en el blog Pobreza Cero,porque da con unas cuantas claves de cómo ejercer una solidaridad más consciente.

Antes de dar o hacerse socio de alguna entidad hay que hacerse preguntas y tomar decisiones: para qué, a quién, cuánto y durante cuánto tiempo.

Estamos en unas fechas en las que mucha gente hace aportaciones solidarias a diferentes causas o debe decidir qué cuotas de entidades continúa pagando. El caso de Nadia y la presunta estafa solidaria de sus padres ha hecho saltar las alarmas y ahora se cuestionan las llamadas solidarias. Y está bien que sea así. El caso de Nadia nos debe ayudar a reflexionar y aprender sobre nuestra forma de ser solidarios.

La mejor solidaridad es la solidaridad consciente y constante, no la solidaridad puntual, casual, o la solidaridad reactiva ante llamadas que llegan a través de los medios de comunicación o las redes sociales, o de jóvenes con chalecos en la calle. Las llamadas son necesarias para despertar nuestras conciencias pero debemos luchar contra el inmediatismo en estos temas. La solidaridad real y efectiva es la comprometida, la de largo plazo, que permite apoyar a colectivos, comunidades o proyectos de manera sostenida en el tiempo.

La mejor solidaridad es la solidaridad que atiende los síntomas pero sobre todo actúa sobre las causas. Siempre que hacemos un donativo o nos hacemos socios de alguna entidad debemos pensar si pretende resolver un síntoma, una necesidad o si va a las causas de los problemas. A menudo hay que destinar dinero a los síntomas para evitar sufrimiento a las personas, pero no olvidemos que si no destinamos mucho más dinero a las causas nunca resolveremos realmente los problemas. Y cuando hablamos de causas, a menudo hay que invertir también en investigación y estudios, no sólo en asistencia directa. Si queremos cambiar las cosas de raíz se necesitan buenos análisis para hacer buenas propuestas y es imprescindible la presión política, la sensibilización y la difusión. No perdamos de vista que hay entidades grandes, pequeñas, generalistas o especializadas y que todas tienen su rol.

La mejor solidaridad es la solidaridad que combina razón y emoción, no la que responde sólo a impactos emocionales. Hay que vigilar especialmente con las llamadas solidarias cuando aparecen niños. A todos nos tocan la fibra sensible y el corazón los niños, pero hay que ir más allá del corazón. Siempre que donamos para un niño o para una persona concreta, hay que preguntarse por qué este y no al de al lado, ¿por qué a uno y no a todos los afectados por la misma problemática? Cuando nos quieren tocar el corazón, las fotografías y los mensajes suelen tender al sentimentalismo y el dramatismo y a menudo se abusa de la imagen de los menores, y no se respeta su intimidad o dignidad. Es por ello que las ONG tenemos unos códigos éticos para evitar caer en manipulaciones sentimentales. Las demandas de ayuda a personas concretas son absolutamente legítimas y a menudo las ponen en marcha amigos y familiares sin experiencia, con toda la buena intención, y hay que agradecerles esto, pero también hay que tener presente que estas campañas tan personalizadas o dramáticas no suelen tener un enfoque del problema global, no perduran en el tiempo y presentan más riesgos de pervertir las finalidades.

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