Cooperativa de café en Timor. Fotografía de NNUU con licencia CC BY SA 2.0 Coffee Handler with Beans from Coffee Cooperative

El derecho a la solidaridad, la mejor opción para los ODS

  • 1.000 millones de personas (el 15% de la población mundial) viven en la pobreza extrema.
  • El 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres y niñas.
  • Más de 100 millones de personas necesitan asistencia humanitaria.
  • Más de 1000 millones de personas viven en asentamientos irregulares, de los cuales el 90% se encuentra en países en desarrollo.

  • Más de 1.000 millones de personas han visto truncada su vida por una crisis y 59,5 millones de personas han sido desplazadas.
  • La violencia de género es una de las principales causas de muerte entre las mujeres de 15 a 44 años, por delante del cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y las guerraLos desastres naturales afectan a 200 millones de personas al año.
  • Las personas refugiadas pasan un promedio de 20 años lejos de su hogar.
  • La probabilidad de ser desplazado es hoy un 60% más alta que hace 4 años.
  • El cambio climático está ligado a los desastres naturales continuos que afectan a diversas franjas del planeta anualmente.
  • La mitad de los estados frágiles son países de renta media y en ellos vive actualmente más del 70% de las personas en pobreza extrema.

Detrás de cada uno de estos datos hay vulneraciones de los derechos humanos de millones de personas, incluido el derecho a la solidaridad.

Los tratados y convenios internacionales firmados por la mayoría de los Estados recogen el derecho a una vida digna y segura y la obligación de apoyar a aquellos Estados que no cuenten con los recursos y las capacidades suficientes para hacer efectivos los derechos humanos de todas las personas, sin importar donde vivan. Así mismo, las personas como ciudadanos globales tenemos el deber de brindar apoyo y ser solidarios.

El cumplimiento por parte de los gobiernos de los acuerdos internacionales, con el apoyo fundamental de la ciudadanía, garantizará la apuesta por una agenda de desarrollo como la marcada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Esta agenda, a pesar de suponer cierto retroceso en la agenda de los derechos humanos, recoge elementos fundamentales para alcanzar “un orden social e internacional en el que puedan realizar plenamente los derechos humanos”[1], a través de la superación de los obstáculos del desarrollo, con el interés común y la cooperación entre todos los Estados.

Aunque la nueva agenda de los ODS adolece, tal y como señalan sus críticos, de compromisos concretos, y ha quedado en manos del cumplimiento de los compromisos de financiación que salieron de la tercera conferencia de Financiación del Desarrollo, cuentan con una visión más universal. De esta forma, todos los Estados deben ser iguales a la hora de definir su desarrollo, aunque también se presupone que todos tienen la misma capacidad para incidir en los cambios necesarios para alcanzar la agenda.

De esta forma, más que nunca se hace más necesario volver a poner en primera línea la agenda de los derechos humanos y el derecho a la solidaridad para avanzar en una agenda común que nos permita no volver a repetir datos como los enunciados aquí y volver a convocarnos dentro de 15 años para otra nueva agenda.

[1]     Declaración del Derecho al Desarrollo.

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