¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Un tropel de preguntas sin respuesta se agolpan en la mente de cuantas personas nos sentimos del todo impotentes ante las imágenes inexplicables que, un día tras otro, se repiten en los campamentos de refugiados, en las aguas del Mediterráneo, en las carreteras europeas, frente a los cientos de muros geográficos e (i)legales que se erigen en los países de la Unión Europea. ¿También intentan levantar muros a la solidaridad? ¿Hasta dónde alcanza la solidaridad ciudadana? ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que quienes dicen ser nuestros  representantes tomen en consideración que “el derecho a la solidaridad es un derecho humano en virtud del cual todos los seres humanos y todos los pueblos tienen derecho a beneficiarse por igual de una sociedad internacional armoniosa con un orden político y económico internacional justo y equitativo en el que puedan ejercerse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales en un espíritu de solidaridad y armonía internacionales”? (A/HRC/AC/9/4).

Es la pregunta que se hacía David Trueba en una de sus columnas en El País a propósito de las imágenes de refugiados sirios que, cercados en la frontera macedonia, fueron rociados con gases lacrimógenos. La respuesta a tan impactantes imágenes fue la indiferencia general y así seguimos dando la espalda a personas de todas las edades que huyen de una guerra sin fin, promovida y mantenida sine die por intereses que se blindan al menor intento de sacarlos a la luz. Mientras tanto, las partes implicadas en el conflicto, directa o indirectamente, se lanzan dardos que avivan el fuego del odio o desgranan con desfachatez mentiras como si de verdades se trataran.

Simultáneamente, crecen los nacionalismos y la xenofobia y nos preguntamos, como se preguntaba David Trueba, “¿somos o no somos capaces de tratar a los demás como seres humanos?” Porque son seres humanos los que huyen del horror de la guerra y son concentrados en campamentos como el de Idomeni, “este gigantesco aparcamiento de personas” como lo calificó la periodista de El País, Mª Antonia Sánchez-Vallejo. “Idomeni se ha vuelto una ratonera a cielo abierto”. Una ratonera repleta de personas, la mayoría, según ACNUR, mujeres, niños y niñas extenuadas por tanto sufrimiento y por la ausencia de esperanza. El panorama que describe la citada periodista no tiene parangón: dolor sin límites, angustia sin límites, desesperanza sin límites.

Sami Naïr ha calificado la crisis de los refugiados como la tragedia humanitaria más importante que padece Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Cumbres y demás tipos de reuniones no faltan en los países de la Unión Europea para proponer medidas, fórmulas matemáticas para acoger con cuentagotas a personas refugiadas, fórmulas que, incluso estableciendo unas cantidades exiguas de acogida, no las aplican los gobiernos europeos. Europa está hundida, como asegura Naïr, y nadie sabe cómo va a emerger de semejante desastre que “es, además, un desastre ético”. Sigue leyendo>>>

Maria Teresa de Febrer es responsable de sensibilización en la ONGD Prosalus y escribe colaboraciones en diversos medios. Ar´ticulo publicado en la Revista Alandar en mayo de 2016

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